Nuestra historia

Nuestra historia

La historia de Aldeas Infantiles SOS comenzó en 1949, en un pequeño pueblo de Austria llamado Imst. Allí, tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial, nació una idea poderosa: que ningún niño debería crecer solo. Con ese propósito, se creó una organización centrada en brindar cuidado, protección y un entorno familiar a niños y niñas que habían perdido a sus cuidadores.

Lo que inició como una respuesta a una emergencia social se transformó en un movimiento global. Hoy, Aldeas Infantiles SOS está presente en más de 130 países y territorios, acompañando a millones de niños, jóvenes y familias para que vivan en entornos seguros, con vínculos sólidos y oportunidades reales de crecimiento.

En Guinea Ecuatorial, nuestra historia comenzó en Bata, donde se estableció el primer programa nacional de Aldeas Infantiles SOS. Fue allí donde empezamos a construir vínculos con comunidades y autoridades, y donde se sembraron las primeras semillas de nuestro compromiso con la infancia.

Gracias al apoyo de socios comprometidos, aliados locales e internacionales, y al esfuerzo de nuestros equipos, la organización ha crecido de forma gradual y sostenida. En el año 2020, abrimos nuestra oficina en Malabo, ampliando así nuestra capacidad de respuesta y nuestra cercanía con más familias y comunidades del país.

Con los años, nuestros servicios se han diversificado para dar respuestas integrales. Además de los programas de cuidado alternativo y fortalecimiento familiar, hemos integrado iniciativas de sanidad comunitaria, para asegurar que los niños y sus familias accedan a una atención básica en salud, así como acciones concretas en educación, brindando apoyo escolar, promoción de la escolarización y formación en habilidades para la vida.

También acompañamos a jóvenes en su proceso hacia la autonomía, ayudándoles a construir un proyecto de vida digno, a través del desarrollo personal, la capacitación y el acceso a oportunidades.

Nuestra historia es una historia de vínculos. De niñas y niños que vuelven a sonreír, de jóvenes que recuperan la esperanza, de familias que se fortalecen y de comunidades que se unen para proteger a quienes más lo necesitan. Pero también es la historia de una colaboración profunda con las autoridades locales, con quienes trabajamos de manera complementaria para garantizar los derechos de la infancia en Guinea Ecuatorial.

Seguimos aquí, creciendo juntos, convencidos de que cuando un niño crece acompañado, todo es posible.